Veo el mundo entre volutas

IconMi reflexión sobre el mundo a diario (o casi). Menos para el público y más para mí mismo.

Sant Jordi 2011

Sant Jordi 2011: pese a los pronósticos de lluvia, de ciudad vacía de lugareños, de muchos libros y más rosas pero menos ventas, el día fue un espléndido y luminoso día de abril por la mañana, seguido de una tarde con algunas nubes, una temperatura que invitaba a salir con chaqueta, pero bien, sin frío, ¡vamos! y con lugareños, muchos lugareños, también turistas, ¡cómo no! y ventas a tal punto que seguro que hay un nuevo renacer de la industria editorial y la de flor cortada (ni que venga de Colombia o de Holanda).

Por la tarde me dió por salir y salimos, por el recorrido habitual (Rambla Catalunya abajo, hasta la Plaza Catalunya). Aunque la intención era seguir Ramblas abajo, nos quedamos por el centro y fuimos a cenar en "Cent Focs", uno de esos locales "a la vieja usanza" con menús y carta más que razonables y a unos precios "anticrisis". Llegamos a primera hora, nueve menos cuarto o así y nos ubicaron pronto. Mesa de dos, con otras dos mesas de dos separadas unos 50 cm aproximadamente. La cena bien. Dos platos, es lo habitual, ¿no?, aunque ligero eso sí, una ensaladita o unas verduritas de primero y unos filetes de pollo "au rochefort" o un "carpaccio de salmón" de segundo. Buena conversación, y relax, para desconectar un poco y para acabar de cargar pilas para lo que nos viene a partir del martes, cuando se acaben estos días de asueto. Lo que no sabíamos era que el local venía con espectáculo incluído y, no, no hablo de música en directo, un prestidigitador, o unos malabares. ¿He dicho que las mesas estan separadas unos 50 cm una de otra?. Lógicamente a esta distancia y si el sonido de fondo no es muy estridente "oyes", aunque no escuches, y "ves", aunque no mires.

Para quienes lo desconozcan, Sant Jordi viene a ser como "el no-oficial día de los enamorados" aquí, en Catalunya. Así fue. A un lado se añadieron en primer lugar una pareja, calvo él, con tupida melena el otro y más joven, y un ramo de rosas con "muguet" (flor de novia donde las haya). Muy discretos, no obstante. Nos sirvieron casi al mismo tiempo el primer plato. Muy similar menú a excepción de que ellos iban de carta y nosotros, de menú y en nuestro caso la cena "no repetirá" durante la noche mientras que en el suyo, una "fideuá" bien cubierta de "all-i-oli", dudo que no repita o facilite aproximaciones amorosas durante la noche.

Casi al mismo tiempo que acabábamos el primer plato entró la tercera pareja en escena, al otro lado de nuestra mesa. El parecía alemán, ella hablaba español pero con acento indescifrable. Se pidieron un sólo plato, por aquello de "mantener la línea". Para ello nada mejor que una ensalada (no una "ensaladita", una señora ensalada). Había que acompañarla, y para estos casos y para no hacer aún más sosa la dieta, nada mejor que una botella de vino. Carta de vinos al canto. Un "Abadía" de crianza, aunque no se veía el año (mirar directamente o preguntar hubiera quedado un poco mal). Nuestra cena era "normal" o al menos, eso entiendo (véase más arriba), pero en su caso, se quedó limitada a la ensalada, aunque para aderezarla, la fémina de al lado lanzaba miradas, no sé si de "mira lo que comen éstos" o de pura envidia por aquello de "yo manteniendo la línea y mira éstos". La cuestión es que aunque parezca increíble, la mayor parte de la ensalada se quedó en el plato, pero la botella de vino voló, casi antes de que nosotros hubiéramos llegado al café, al tiempo que en la mesa del otro lado, la pareja "homo" se leían las dedicatorias que habían conseguido en sus libros. Oímos claramente "para un bisexual militante" leída por el calvo. No nos llegó ningún eructo con tufo a ajo a modo de celebración, por suerte, aunque la pareja del otro lado parecía bastante más alegre que cuando entró. ¡Lo que hace una buena ensalada!

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