"...No es ningún secreto que el propio presidente Jammeh se jacta de ser un curandero –incluso en su currículo oficial, divulgado en la página web del Gobierno-- y que se rodea de ministros que coinciden con sus estrafalarias teorías.
El sida, el asma y la hipertensión son algunas de las enfermedades que dice poder curar con brebajes Jammeh, quien goza también del apoyo de su ministro de Sanidad, Tamsir Mbowe, un ginecólogo de 43 años que estudió en Ucrania e Irlanda. «Llevo 15 años de práctica médica, y si digo que el tratamiento funciona, es que funciona», repite Mbowe.
Poco importa en la remota Gambia que la comunidad científica internacional no esté de acuerdo. Todos los jueves, Jammeh recibe a sus pacientes en su exclusiva residencia en Banjul, la capital del país. Pocos en Gambia han osado hasta ahora discutir las afirmaciones de Jammeh. Lo hizo, allá por el año 2007, la coordinadora local de las Naciones Unidas, la zimbabuense Fadzai Gwarazimba. Simplemente le dijeron que en 48 horas debía abandonar el país."
No sé, quiero pensar que no, pero habida cuenta de todo lo que están moviendo determinados grupos en relación a la gripe A (ver posts anteriores), al SIDA, al simple hecho de la vacunaciónpara prevenir enfermedades infecciosas y, en paralelo a la poca o nula respuesta de los expertos sanitarios frente a este tipo de fenómenos, me da la impresión que el siguiente paso es ir volviendo paulatinamente a la época en que los brujos decidían sobre la salud de las personas, la prosperidad de las cosechas, en fin, todo!
No, no se trata de la historia del desastre de un petrolero en el Atlántico... Se trata de la última película de Christopher Nolan, el realizador de la aclamada "Memento". La historia de la competitividad, ¿qué digo?, rivalidad, entre dos magos, en el Londres victoriano de finales del siglo XIX, y en el comienzo de una etapa en la que se adivinaba la aparición de otros muchos tipos de "magia": la electricidad, la radio, el descubrimiento de gran parte de la física y química que ha regido el progreso de la ciencia en el siglo XX, y, cómo no, ¡el cine!
Nolan se erige en un narrador de aquella época en un film, bien ambientado, aunque va más allá de ser un cine "de época". A través del devenir de estos dos magos, bien diferentes, uno imaginativo, talentoso, analítico, introvertido, pero con pocos recursos para captar el interés del "público", y el otro, más falto de recursos, aunque también analítico, más extrovertido y con más facilidad para atraer los intereses de la audiencia, pero sobre todo, con más mala leche, se captan metáforas y alusiones continuas a gran parte de lo que podría ser las actitudes dominantes en nuestra sociedad actual, pero, más aún, y dado el trasfondo "mágico" del tema, hasta quizás, sea un "mensaje en clave" de Nolan al establisment cinematográfico actual, por que, ¿qué es el cine sino magia? y, no es cierto que hay un cine independiente, que malvive enfrentado a un cine comercial lleno de recursos pero en muchos sentidos falto de contenido.
Buen montaje (como siempre en el caso de Nolan), buen trabajo de los actores (impecable como siempre Michael Caine, pero también Christian Bale) al servicio de una buena historia, llena de guiños al espectador. Sin ser una obra maestra, constituye un buen ejemplo de cine recomendable y de un cineasta concreto a seguir.