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Mi viaje a Islandia-4: Más infierno y “un poco” de agua para refrescarse

El infierno es muy grande y debería hacer falta más de una jornada para recorrerlo. Dante lo tenía la mar de claro. Así, un lugar la mar de interesante para confundir al propio diablo serían las "Rocas del eco", o como se suele decir en islandés, Hljódaklettar, uno de los sectores del Parque Nacional -impronunciable como casi todos los nombres islandeses- Jökulsárgljúfur. La traducción del nombre de este parque nacional es la de "Cañón del río glaciar" y hace referencia a la garganta de más de 30 km de longitud del Jökulsá á Fjóllum, el segundo río más importante del país, que nace 200 km más al sur, a partir del enorme glaciar Vatnajökull, el glaciar más grande de Europa.

En este sector del parque nacional abundan las formaciones basálticas espirales, sobre las cuales, proyectado cualquier sonido, es imposible determinar con precisión el lugar de dónde partía el sonido original. Formaciones espirales, pero basadas en estructuras hexagonales del mineral que en algunos lugares del sector, no sólo permiten proyectar los ecos sino que han tallado -merced a espectaculares plegamientos- grutas como la llamada Kirkjan ("la Iglesia") de la cual sobran comentarios. Todos estos lugares pueden verse perfectamente en el vídeo que sigue.



Un poco de agua no va mal, después del calor, los vapores sulfurosos y los “Ohhs” y “Ahhs” tras ver tanta maravilla natural junta. Y qué mejor agua que la de la catarata -en Islandia juraría que no conocen las “cascadas”- Detifoss. Esta catarata del Jökulsá á Fjóllum, no es especialmente bella, pero sí es espectacular, con su caída de 44 m de altura, su caudal de 500 m³/s y el estruendo que ocasiona tal cantidad de toneladas de agua y de sedimentos que se vierten sobre el “Cañón del río glaciar”. Por suerte, aquí, no me mojé tanto como en Gulfoss...



Refrescante, la verdad, refrescante. Es en ocasiones como ésta que uno se alegra de no haberse ido en agosto al desierto del Sahara... Para acabar la jornada, un pequeño paseo por el terreno tremendamente fisurado ubicado al Norte de Islandia, cercano por otra parte (en realidad no estamos muy lejos del lugar del post anterior). La fisura que puede verse en el vídeo, y la foto posterior, no es más que una más de tantas de la zona, sólo que en esta, además hay agua, agua caliente que los islandeses utilizan como una especie de “termas naturales”.


La foto que sigue es una panorámica de "lo mismo" pero visto desde arriba. Obsérvese el pedazo de fisura que si bien ahora está rellenada de piedras, escoria y en algunos tramos, de agua, bien podría rellenarse cuando le dé la gana... de lava al rojo...!!

Todo esto en las inmediaciones del lago Myvátn, donde pueden verse lugares tan espectaculares como los que siguen...

 
 

Mi viaje a Islandia-3: Por el infierno

Una tierra bella, una tierra salvaje, una tierra helada y una tierra tremendamente caliente, hizo creer en la Edad Media que la entrada al infierno estaba en Islandia, concretamente al Sur, en el "monte flamígero" llamado Hekla, un cono de explosión que arroja coladas de lava con gran frecuencia desde hace miles de años. Aún así es posible tener dudas de... si existe infierno (primera duda) y si la entrada está realmente al Sur. Al norte, por ejemplo, en las inmediaciones del Lago Myvátn, al final de la pista de Kjölur, hay algo que haría dudar al mismísimo diablo. Se trata de las colinas de Námafjall debajo de las cuales cruza la dorsal oceánica que separa las placas tectónicas americana y eurasiática. Aquí emergen grandes grietas y fisuras por las que surgen grandes cantidades de sulfuros en forma de fumarolas, sulfataras además de existir una notable actividad del cercano cráter de fisura Krafla con dos erupciones importantes en los últimos 35 años.

Los islandeses, que no son tontos, han aprendido a aprovechar esta tremenda energía que yace bajo el subsuelo y han instalado otra de sus centrales geotérmicas como la que hay en la Laguna Azul (puede verse en el vídeo que sigue). Esta central (Kröflustöd) está muy cerca de las dos manifestaciones recientes del Krafla, concretamente el campo de lava de la explosión de 1975, una lava pardusca y que ya ha comenzado a ser colonizada por musgos y líquenes y la de 1984, un campo absolutamente negro, todavía humeante, y que está a una temperatura suficiente como para fundir la suela de nuestro calzado si no vamos bien equipados. Entre ambos campos pueden verse las manifestaciones en forma de sulfataras de Leirnjükur en una vaguada entre grandes colinas de toda la gama de ocres habidos y por haber (por desgracia el día del trekking el tiempo no era bueno, con lo cual no pudo contrastarse esta gama de tonalidades con un azul en el cielo, algo que hubiera quedado de lo más fotogénico... pero bueno, podemos imaginarlo, ¿no?).



Después de la caminata, con una botas que han soportado bien el calor bajo las mismas pero no tanto la acumulación de barro, toca "pasearse" un ratito por el sector de Hveraröno que forma parte de la misma planície anterior (Nämaskard). Aquí puede verse una gran concentración de actividad telúrica: pozas de barro hirviente, fumarolas, manantiales en ebullición, etc... en una serie de senderos flanqueados por postes y cordones que nos recuerdan que ni se nos ocurra salirnos del camino. El motivo es muy evidente: el suelo no es firme fuera de los senderos, aunque ni siquiera es seguro que con el tiempo, los senderos lo sean. Si nos aventuramos a salir será bajo nuestra cuenta y riesgo, al igual que si por el afán de filmar o fotografiar una poza nos aproximamos demasiado a cualquiera de ellas: si nos salpica agua hirviente nos podemos escaldar, pero si nos salpica barro hirviente... Ejem!!, aquello no hay quien lo apague!! Aparte de ello, y de la densidad y olor de los vapores que emanan de todos lados, el panorama es espectacular.




Acabamos la jornada con un paseo entre las brumas y la llovizna en el cercano cráter de explosión Viti ("Infierno"), un cráter formado con anterioridad a todas las manifestaciones recientes del Krafla. Un cráter de 320 m de diámetro muy suavizado por efecto de la erosión y con un oscuro lago en su interior, al que nadie en su sano juicio aconsejaría acercarse para pegarse un baño (bajada peligrosa, aguas cargadas de metales y posible presencia de algas de inciertos efectos sobre el bañista).