"Los tambores de guerra son tambores de hambre"
(Proverbio africano)
Con Babel se nos muestran los efectos que pueden tener en un mundo globalizado un accidente transformado en suceso y luego manipulado hasta convertirse en un atentado, por más que este tenga lugar en una aldea remota del corazón del Atlas marroquí. Se muestran tres historias que ocurren en tres continentes distintos y que tienen como nexo común, el hecho acontecido en Marruecos. Se muestra que las consecuencias, tales como el dolor, el miedo, la desesperación, la incomunicación, no son exclusivas de una cultura sino que son patrimonio de todas ellas.
Babel también muestra que la palabra “globalización” no hace referencia a “un único mundo” o una única cultura universal sino, al menos, a dos mundos bien diferenciados. Esas diferencias no evitan la interacción entre ambos mundos, pero esa interacción no se traduce en “colaboración” bilateral sino en explotación por parte de uno respecto al otro (ej: los ilegales que trabajan durante décadas en Estados Unidos y un buen día son deportados) y, sobre todo, recelos y desconfianzas (ej: los turistas que llegan a la aldea marroquí por una emergencia y tienen que huir precipitadamente porque creen, infundadamente, que en cada marroquí hay un terrorista potencial). La falsedad de la palabra “globalización” no solo implica a la diversidad de mundos (“civilizaciones” en terminología “actual”), sino también a que en esta nueva era, con todos los prodigios relacionados con las telecomunicaciones, algo tan básico como es la comunicación entre padres e hijos, ya hace tiempo se ha perdido y que no hay peor sordo que el que no quiere oír.
Babel es un producto fílmico de primer orden en el que pese a la falta de originalidad en la exposición narrativa (las películas con diversas historias separadas por espacio/tiempo que convergen en un punto, ya comienzan a ser frecuentes), o la del mensaje de denuncia (ya visto en otras pelis de Iñárritu o en Syriana de George Clooney) ambos aspectos suenan más trenzados, más elaborados, más contundentes para conseguir que el espectador salga del cine con una mala conciencia que produce un nudo en el estómago.






















