Confieso que no la conocía, pero gracias a Rashmi he podido descubrir a esta figura del surrealismo. He encontrado esta presentación en Slideshare y la inserto aquí para ilustrar algo de la persona (8 diapos) y su interesante obra (el resto hasta 33).
El expresidente del Gobierno Jose María Aznar impartirá clases universitarias y de postgrado en la Cátedra Ciudadanía, Liderazgo y Desarrollo del Instituto Tecnológico de Monterrey (México), después de aceptar la invitación que le había formulado dicha institución (...)
El trabajo que el exjefe del Ejecutivo español desarrollará en el Instituto "estará centrado en el fomento de la formación de jóvenes para desempeñar cargos de responsabilidad y liderazgo en los sectores privado, público y social", explica la nota.
Aznar compaginará esta labor con su actividad en la Universidad de Georgetown, en Estados Unidos.
Noticia de aquí.
Pues eso, os acompaño en el sentimiento, ¡majos!... No sé quien narices habrá "colocado" a este personaje de "profesor", pero a la "responsabilidad y liderazgo" se debieran añadir unos cuantos calificativos más... ...
Pequeño ejemplo de su "responsabilidad y liderazgo":
Una anécdota de "machitos". Cuenta mi padre que en su juventud, allá por los años 40-50, había un actor y cantante, un galán de la época, mexicano por más señas, que muchos de nuestra generación y posteriores ni habrán oído hablar pero que se llamaba Jorge Negrete. Era un tipo peculiar, atractivo en muchos sentidos (actor y cantante de éxito, ex-militar, sindicalista) y que en su apostura cinematográfica (siempre ataviado a la usanza de tiempos de Pancho Villa) desprendía una gran admiración en las féminas hispanas (españolas en este caso). La primera vez que pasó por Barcelona, ante el dispendio de centenares de féminas esperándole allá por los sitios donde pasaba se le ocurrió soltar una frase del estilo... "¿es que no hay machos aquí?"... Ni que decir tiene que la ostia que le pegaron fue de aúpa y se le quitaron las ganas de volver a soltar algo así. No digo que se lo mereciera pero es que a veces, el éxito se nos sube a la cabeza y eso nos hace decir o hacer auténticas estupideces... hasta que alguien nos para en seco.
Confieso que siempre me han "repateado" las actitudes que algunos de mi sexo practican, cuando quieren "impresionar" a terceros (generalmente a terceras), de querer ser "más duros que nadie" o querer demostrar lo que tienen (no lo que son), incluso fingir lo que no tienen ni son, o hablan mal de terceros (o terceras), buscando una extraña camaradería "masculina" que en mí no la van a encontrar. Ese tipo de actitudes, quizás, remontándonos a la adolescencia, todos las hemos practicado "algo" pero llegar a los "itantos" y seguir en ese plan, está absolutamente fuera de lugar. Lo que se lleva no es eso, lo que se lleva es la naturalidad, ser natural, y eso quiere decir que se pasa por buenos y por malos momentos, y hay que ser equilibrado y nunca exagerar y nunca querer impresionar, porque quien así va por la vida, por descontado que se le conoce y se le cataloga rápido, muy rápido y hasta puede acabar "recibiendo".
Se deja ver, mucha acción, mucho quedarte "pegado a la butaca" viendo qué pasará después... Como peli de acción vale la pena, no se hace larga. Como película histórica, que es, diría, de la forma que se pretende vender, pienso que Mel Gibson se ha quedado en la superfície. Da la impresión de que el tipo ha visitado museos, ha visto antiguos códices mayas y ha pensado que podía plasmar esas imágenes planas en cine. A partir de ahí, habrá pensado que, "ya que filmé la Pasión en latín y arameo, ¿por qué no filmar este nuevo invento, en maya?". ¿Y qué conocemos del maya?. Pues que lo hablan, todavía, casi un millón de personas que habitan en en Yucatán, un pálido espejismo de lo que fue una floreciente civilización que cuenta con más de 3000 años de antigüedad. "Pues vale, para que la gente se crea mi historia, los voy a hacer hablar a todos maya". Mel Gibson olvida que el maya yucateco, el idioma que se habla hoy en día, pertenece a la familia de las lenguas mayenses que no necesariamente tienen gran cosa que ver con el maya que se hablaba en la época que refleja el film.
Con Babel se nos muestran los efectos que pueden tener en un mundo globalizado un accidente transformado en suceso y luego manipulado hasta convertirse en un atentado, por más que este tenga lugar en una aldea remota del corazón del Atlas marroquí. Se muestran tres historias que ocurren en tres continentes distintos y que tienen como nexo común, el hecho acontecido en Marruecos. Se muestra que las consecuencias, tales como el dolor, el miedo, la desesperación, la incomunicación, no son exclusivas de una cultura sino que son patrimonio de todas ellas.
Babel también muestra que la palabra “globalización” no hace referencia a “un único mundo” o una única cultura universal sino, al menos, a dos mundos bien diferenciados. Esas diferencias no evitan la interacción entre ambos mundos, pero esa interacción no se traduce en “colaboración” bilateral sino en explotación por parte de uno respecto al otro (ej: los ilegales que trabajan durante décadas en Estados Unidos y un buen día son deportados) y, sobre todo, recelos y desconfianzas (ej: los turistas que llegan a la aldea marroquí por una emergencia y tienen que huir precipitadamente porque creen, infundadamente, que en cada marroquí hay un terrorista potencial). La falsedad de la palabra “globalización” no solo implica a la diversidad de mundos (“civilizaciones” en terminología “actual”), sino también a que en esta nueva era, con todos los prodigios relacionados con las telecomunicaciones, algo tan básico como es la comunicación entre padres e hijos, ya hace tiempo se ha perdido y que no hay peor sordo que el que no quiere oír.
Babel es un producto fílmico de primer orden en el que pese a la falta de originalidad en la exposición narrativa (las películas con diversas historias separadas por espacio/tiempo que convergen en un punto, ya comienzan a ser frecuentes), o la del mensaje de denuncia (ya visto en otras pelis de Iñárritu o en Syriana de George Clooney) ambos aspectos suenan más trenzados, más elaborados, más contundentes para conseguir que el espectador salga del cine con una mala conciencia que produce un nudo en el estómago.






















